Chéjov visita Alemania

02.10.2015 11:10

Esta vez os queremos hacer un pequeño juego de adivinanzas. Y empezaremos así, diciendo nombres de ciudades hasta que os ubiquemos en ese país de Europa en el que estamos.
Probablemente los que habéis realizado ya muchos viajes por Europa, sabréis a qué lugar me refiero. ¿Qué os dicen los nombres de Baden-Baden, Heidelberg, Friburgo de Brisgovia, Tubinga o Constanza?

¿Y qué os sugiere si os decimos que estamos en el medio de la Selva Negra, donde el lago Constanza se muestra satisfecho ante las cámaras de fotos de sus viajeros y visitantes, en el lugar donde coexisten los valles del Rhin, el Danubio y el Neckar?
La respuesta: estamos en Baden-Wurtemberg, el lugar que surgió de la unión de tres estados federales de la República Federal de Alemania, que sucedió gracias a una consulta popular en el año 1952.

Ahora añadiremos un poco más de dificultad a la adivinanza, y os diremos una serie de grandes obras de la literatura universal, como son «La señora del perrito y otros cuentos», «La gaviota» o «Relato de un hombre de provincia».

¿Sabéis ya de que os estamos hablando? Antón Pávlovich Chéjov fue un gran y universal escritor, médico y dramaturgo ruso, uno de los grandes maestros de la literatura la cual dominó gracias al relato corto.
Y es que en Viajes por Europa nos gusta todo lo bueno que tiene Europa, pero no os hablamos sólo por hablar, sino que os queremos narrar la muy interesante historia de la vida de Chéjov.

Tercero de seis hermanos hijos de un pequeño comerciante, empezó a escribir porque necesitaba dinero y al principio sería algo que haría por encargo. Después, comenzaría a sentirse más y más cómodo en el universo de la literatura hasta convertirse en una figura de la que venimos hablando hasta el día de hoy.

Amigo de León Tolstoi, es maravilloso descubrir cómo su ambición literaria fue creciendo gradualmente, hasta encontrar una originalidad inédita que sería imitada después por grandes autores como James Joyce, así como por otros escritores anglosajones.

Pero es que este genio de la literatura rusa tiene una historia de viajes muy interesante para que aprendamos, ya que a pesar de que nació en Rusia fallecería en 1904 en Alemania. Porque este escritor y médico se trasladaría a Badenweiler, puesto que sufría de tuberculosis a causa de un paciente al que este médico y escritor atendió.

Por lo tanto, necesitaría un lugar tranquilo como el de un balneario para recuperarse de su patología, y recuperar las ganas o el ánimo para volver a trabajar duro de nuevo. Esto no sucedería, en tanto nuestro amigo y protagonista de hoy fallecería, pero gracias a su paso por Badenweiler hoy tenemos este lugar en nuestra lista de lugares que visitar.

Aquí encontramos además de todas las termas que ofrece el lugar una pequeña parte del universo chejoviano, como es el centro cultural que aquí han construido y que forma parte de su museo literario que deja pequeñas muestras por toda Europa.

En Badenweiler está la habitación donde murió, y que todos los turistas que viajamos por Europa podemos ver, así como una escultura realizada más tarde por el artista ruso Alexander Tarantinov, llamada como su propio cuento «La gaviota».

Badenweiler significa literalmente «aldea de baños», y era este un antiguo asentamiento romano que también formaba parte en su día de una ciudad termal. Como hemos dicho está situado en la Selva Negra, en el bundesland de Baden-Wurtemberg.

Pero seguro que muchos se preguntarán, ¿qué es un balneario exactamente? Simplemente es un lugar para baños públicos, tanto si está compuesto de agua de piscina, como de mar o de río.

Aquí en este balneario alemán, el empleo del agua termal así como de agua mineral a través de sus instalaciones, fomenta el reposo de los distintos pacientes que vienen aquí en busca de tranquilidad y de curación.

Por supuesto los balnearios de hoy día han mejorado muchísimo, y se han vuelto más sofisticados, teniendo baños con fango y con algas, o baños de piel de pomelo así como hidromasaje o chorros de agua, e incluso circuitos a contracorriente.

A su vez no son pocos los sitios donde se puede inhalar gases muy saludables e incluso balsámicos, en especial para personas con problemas respiratorios. A estos lugares se va sobre todo para el cuidado de la salud, y ese fue el mismo motivo por el cual fue nuestro genio literario que hoy os traemos a Viajes por Europa.

Por supuesto, un balneario en Europa no quiere decir lo mismo que un balneario en Latinoamérica. En efecto, en Latinoamérica no hablaríamos sino de una ciudad de veraneo y esparcimiento, incluida la playa donde practicar actividades de ocio y deportivas.

Pero, regresando al tema, para todos aquellos a los que los haya cautivado escuchar el término Selva Negra, es bueno saber que se trata de un macizo montañoso con un amplio y denso bosque, en el suroeste alemán.

Aquí, con el pico Feldberg de 1493 metros dominando las alturas, este lugar es un bosque muy apto para perderse en la oscuridad. Oscuridad hasta la negrura que viene de la densidad que tienen aquí los árboles.

Y así es como en este lugar, sus gentes y sus habitantes mantienen aún sus costumbres y tradiciones típicas de tan habituales antaño en la selva negra. Porque aún hoy se llevan en ocasiones los trajes regionales, copados de grandes bolas rojas a los extremos.

Sombreros que indican incluso el estado civil de la mujer que lo lleva. Pero la Selva Negra además de ser conocida por sus estaciones termales, de las cuales hay varias, también se conoce por su jamón o por su típica tarta «Schwarzwälder Kirschtorte».

Y cómo no, por sus célebres relojes de cuco. Relojes que antiguamente elaboraban y vendían en estos lugares hasta llegar a haber construido incluso uno de los relojes más grandes del mundo.

Aquí también hay ciudades como Friburgo de Brisgovia, con su gran Universidad en donde célebres científicos cambiaron las reglas de cómo entendemos hoy las cosas, pero también con castillos y catedrales góticas.

Y el propio Chejov parece que también disfrutó de este lugar del suroeste alemán, hasta el punto que parecía persuadido hasta sus últimos días de que lograría superar la enfermedad que venía ya largo tiempo arrastrando.

Conocemos hoy como en cartas suyas escritas antes de morir, decía incluso que se sentía mucho mejor desde que llegó a este ciudad termal de Badenweiler. Y es que Badenweiler era un pequeño centro de balneario y recreo, no estaba lejos además de la Basilea ya en Suiza.

Desde aquí no era difícil ver los Vosgos, y era el lugar en donde disfrutar de un aire puro y también curador. No era raro en aquel entonces que los rusos viajaran a Alemania para relajarse o sanarse en sus baños termales.

Así Chéjov que contraería matrimonio con su esposa sólo tres años antes de su muerte, vería cómo se rompiera su sueño de amor triunfal no sin antes pasar por este lugar.

Su cuerpo fue trasladado a la capital de Rusia, Moscú, en un antiguo vagón de tren que se usaba para transportar ostras. Hoy su tumba yace enterrada en Moscú, pero la literatura universal que nos ha dejado este genio, así como su legado, nos traen brisas y vientos de Alemania y de este gran balneario cuyo agua oímos correr desde casa.