Un español en Eslovaquia

Llevo en Eslovaquia alrededor de un año y medio. Un país que hasta ahora era para mí desconocido, y que se ha convertido sin lugar a dudas en mi segunda casa.

Mi segunda casa porque no sólo es el país en el que hoy hago cada día las actividades que para mí merecen la pena, sino también porque aquí he encontrado a la gente que hace que mi vida merezca la pena también.

La República Eslovaca, que formaba parte de Checoslovaquia hasta que ambas se dividieron por mutuo acuerdo en 1993, era hasta que llegué en octubre del año 2014 un pequeño país muy desconocido para mí. 

Claro, que yo siempre había tenido interés por conocer los distintos países de Europa y, no en vano, había estado ya en algunos países como Holanda, Bélgica, Alemania o Francia.

Pero para mí Eslovaquia era un país que, ¿cómo decirlo? No conocía nada de nada. Y es así como sucede que te dejas sorprender por aquello que en un principio no conoces. Porque muchas veces cuando vamos a viajar a un país que creemos que nos gusta, aún sin haber estado antes, podemos llevarnos la desilusión de que no era como nosotros creíamos.

En cambio, ¿qué ocurre cuando un país no sabemos cómo es y, de repente, nos gusta? Pues que nos gusta aún más. Y así es cómo me está yendo en este país, el «pequeño gran país» como dice su eslogan de la oficina de turismo nacional, en el cual la principal característica que salta a mis ojos claramente es la gran naturaleza y vegetación que hay.

Un país verde, en el cual no sólo las grandes y copiosas nieves del invierno dejan una gran cantidad de agua, sino que las lluvias de la primavera también hacen lo suyo incluso en verano, permitiendo tener una salvaje naturaleza en el corazón de nuestro continente.

Existen muchos aspectos que uno puede tener en cuenta a la hora de viajar a un país, y sin embargo, aunque podría parecer que Eslovaquia era un país industrial, o al menos que compartía este estatus con su república hermana la República Checa, para mí ha sido una gran sorpresa.

Y lo ha sido, por ejemplo, comprobar que incluso el himno de este país menciona en su letra las grandes montañas Tatra, que comparte con Polonia.

Aunque un país es más de lo que escribo, y un país es más que su naturaleza puesto que hay muchas cosas que se pueden ver en Eslovaquia y si bien, no podemos estar en todo, podríamos hablar de algunos temas en particular que son verdaderamente interesantes. 

Lo primero que me hace gracia ver es el carácter de los eslovacos como contrasta con el de los españoles, al menos en algunos sentidos.  Porque si bien es cierto que estamos en Europa igualmente, en realidad en España somos mucho más efusivos y, por así decirlo, temperamentales.

Y esto se ve con un ejemplo que a mí personalmente me hace mucha gracia, que es ver cómo presentan los moderadores el tiempo que va hacer mañana. En España, las presentadoras y presentadores, en general cualquier tipo de moderador que enseña el tiempo que va a hacer, da saltos de un lado a otro de la pantalla.

Lo que quiero decir es que cuando dice que va a hacer sol en Madrid y lluvia en Alicante, enseguida está dando saltos y gesticulando de forma increíble como si se tratara prácticamente de un “baile”.

Sin embargo, en Eslovaquia son muchísimo más tranquilos, y presentan el tiempo con un habla sosegada y moderada, sin grandes modulaciones en la voz y apenas moviéndose.

Claro, que estas son comparaciones entre culturas, y no pretendo decir con esto ni que una es mejor que la otra ni que la otra es superior a la primera.  Se trata simplemente de lo que veo, una cosa que puede llamar la atención a muchos. 

Yo vivo concretamente en Košice que es la segunda ciudad más grande de la República de Eslovaquia. Creo que está a unas 6 horas en tren de la capital, Bratislava, y aunque he estado en Bratislava alguna vez, sin duda me parece esta última, Bratislava, una ciudad más cosmopolita y por lo tanto más parecida a lo que son las grandes capitales de Europa.

Sin embargo, Košice es más provincial y en ella se respira más tranquilidad, al estar además enclavada en el Este del país. Tiene 250.000 habitantes, o alrededor, y la calle principal llamada Hlavná Ulica, es la calle donde se reúnen sus gentes para tomar café, ir a librerías, comprar en cualquier tipo de tienda, o ir a la iglesia.

Por supuesto, además de Bratislava y Košice existen muchas otras ciudades, por ejemplo Banská Bystrica, Levoča, Spišská Nová Ves, Liptovský Mikuláš, Nitra o Poprad, por mencionar algunas.

Como veis poco a poco, a base de ver la televisión, las noticias y la predicción meteorológica me voy aprendiendo el mapa del país. Por otra parte, otra de las cosas que me ha llamado bastante la atención es que es un país tranquilo, bastante tranquilo.

Tal vez esto no lo pueden decir otras personas que vienen también del centro de Europa, porque en concreto yo, que vengo de Madrid, que es una ciudad con mucha vida nocturna y mucha fiesta, en realidad encuentro un gran contraste entre mi ciudad natal y esta en la que estoy.

Pero también entiendo que alguien que venga de otro país más tranquilo que el mío, tampoco verá tanta diferencia, por ejemplo, si viaja desde Hungría o desde Dinamarca a Eslovaquia. 

Por lo tanto no puedo decir que sea un país excesivamente tranquilo, aunque lo es muchísimo más de lo que es España. Además también, a lo largo del tiempo he visto que hay una gran influencia de Alemania, y eso lo vemos en las tiendas de grandes electrodomésticos, en los centros comerciales, o en muchísimos otros comercios.

Estos comercios, que si bien en otros países tienen influencia de Francia o del Reino Unido, o incluso de Estados Unidos, en Eslovaquia concretamente estos centros son de origen alemán.

No en vano, aunque no sé si tendrá algo que ver, la misma historia de Eslovaquia nos dice que esta República fue un estado «títere», como lo llaman los historiadores, del Tercer Reich alemán.

Sin embargo, hoy en la política eslovaca gobierna una coalición de grandes partidos. Y lo más curioso de todo es que, en las fechas en las que estoy escribiendo estas líneas, que las elecciones que tuvieron lugar el pasado mes de marzo de 2016, han debido ser tan duras que en la actualidad hay dos miembros importantes del gobierno hospitalizados. 

Me gustaría pedir disculpas de que me pare a hablar de esto, puesto que en realidad puede que para algunos no sea tan llamativo.

Sin duda, podríamos decir por lo menos, sin ánimo de ofender a nadie, que las elecciones han debido ser verdaderamente exigentes y que, si no, que se vean los resultados.

Me gustaría volver a reseñar que todo este análisis lo hago desde el punto de vista de un español en Eslovaquia, y que tal vez personas de otras nacionalidades tendrán vivencias diferentes a las mías.

Pero lo que también me llama la atención es que respecto a España, que es un país de contrastes, donde el Norte se diferencia claramente del Sur, por otra parte Eslovaquia a mí al menos me parece más uniforme, me parece más parecida cualquier parte del país respecto a las otras partes de esta República.

En España no pasa eso, puesto que tenemos el norte, la costa y el sur, todas ellas con idiosincrasias y temperamentos diferentes. Otro tema del que merece la pena hablar es la gastronomía.

Concretamente la ciudad en la que estoy, está muy cerquita de Hungría, aunque también lo está de Ucrania, y al ser parte Košice del Imperio austrohúngaro, y que de hecho fue una de las ciudades más importantes del imperio en el este de lo que era este imperio, hay una gran influencia de la cocina húngara.

Y esto, aunque muchos dirán que por qué tiene que ser que exista influencia húngara en el país eslovaco, en cuanto a la cocina, es para mí una bendición. Porque si bien la comida eslovaca es perfecta, además se puede elegir junto a la cocina húngara, lo cual hace de la gastronomía un verdadero placer.

Para comer aquí he llegado a ver menús por 3 € o 3,50 €, aunque cabe destacar que a diferencia de otros países, especialmente de la Europa mediterránea, aquí se come un plato, junto a bebida. 

Para los amantes de la baguette o del pan, hay que decir que si bien se suele desayunar pan con mantequilla, por otra parte en las comidas y en las cenas no siempre se come más pan, por lo tanto tenemos que empezar a acostumbrarnos a la nueva forma de comer en este país, y dejar nuestra famosa barra de pan a un lado.

Además mirándolo por el lado positivo, engordaremos menos, luego estaría fenomenal si nos acostumbráramos. Otra cosa que me gusta de mi experiencia en este pequeño gran país, que tal vez otros viajeros que estén poco tiempo no llegarán a conocer, es que el sistema educativo está bastante bien.

Todo ello puesto que a cada alumno que llega a la Universidad el Estado le paga lo que es la carrera universitaria si es la primera vez que accede a ella.

Esto lo veo una gran ventaja, puesto que mientras en muchísimos países la educación es un privilegio verdadero, y no siempre está al alcance de todos, por otra parte, en Eslovaquia la carrera universitaria es algo a lo que prácticamente todo el mundo tiene derecho.
Lo cual hace de la población y de la mano de obra eslovaca gente trabajadora y muy cualificada. Pero para despedir este capítulo, me gustaría tal vez de forma un poco curiosa, terminar este artículo hablando de la Navidad en Eslovaquia.

Y digo de una forma curiosa porque es cierto que estamos en pleno mes de abril, lejos de las Navidades.

No obstante, por otra parte hay que decir que para un español como yo que viene de la Península Ibérica, unas navidades llenas de nieve, con árboles de verdad en las casas y las chimeneas encendidas oliendo a madera quemada, hace un paisaje idílico para celebrar las navidades con tu familia. 

Y esto es todo lo que puedo decir de este pequeño país que aún sigo descubriendo cada día. No he hablado del idioma porque es más bien difícil.

Todavía lucho y peleo por aprenderlo y aunque ya me voy defendiendo, yo diría al que quiera venir aquí que cuente con un mínimo de 2 años para aprender el idioma, incluso aunque esté rodeado de eslovacos, puesto que respecto al español es completamente diferente, la gramática así como la ortografía y la pronunciación.

Y por último si tenéis perrito recordad que aquí, a diferencia de España, el clima permite que exista como hemos dicho una gran naturaleza, y también trae especies que no gustan tanto como las garrapatas.

Por eso si venimos a este país, veremos que una gran naturaleza junto a la lluvia y la humedad hace de ello un paraíso para nuestros perros, aunque también para sus pequeños enemigos los parásitos.

Me encantaría que cualquiera de vosotros que se sienta con ganas de preguntar cualquier cosa contacte conmigo a través de Viajes por Europa, para brindarle cualquier ayuda que necesite sobre cualquier tipo de estancia en este país. Yo creo que sin duda la disfrutarán.

Un español en Eslovaquia
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